Recordando las tradiciones de Semana Santa
Varias mujeres de nuestro programa de Promoción del Envejecimiento Activo echan la vista atrás y cuentan cómo se celebraba la Semana Santa antaño en pueblos como Villabrágima, Tordehumos o Medina de Rioseco, remontándose décadas atrás. Y nos traen recuerdos y vivencias de las costumbres tradicionales en esta época del año.
Al comenzar la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, iban a la iglesia acompañadas de su maestra para que les impusieran la ceniza en la frente. Y recuerdan que el martes y el viernes de Cuaresma rezaban el Viacrucis también con la maestra. Los viernes de cuaresma estaba prohibido comer carne, “pero podías comerla si pagabas ‘la bula’, conocida popularmente como ‘gula’, explican. Se trataba de una dispensa eclesiástica que permitía comer carne a cambio de dinero que recababa la iglesia con fines benéficos.
En el inicio de la Semana Santa, el Domingo de Ramos era costumbre estrenar ropa, y de ahí venía el famoso refrán “Domingo de Ramos, si no estrenas nada te quedas sin manos” apuntan.
Continuando la semana, era obligatorio ir a confesarse para poder comulgar el Jueves Santo. “A partir de este día, y hasta el Domingo de Resurrección, estaban las imágenes de todos los santos de la iglesia tapados con tela de color morado” recuerdan las mujeres. “Y la iglesia permanecía abierta todo el día y toda la noche para acompañar al Santísimo” añaden. Cuentan que en Villabrágima a las 11 de la noche se celebraban los “Oficios”, la Hora Santa, que recuerda la agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní. Sin embargo, en Tordehumos la Hora Santa se celebraba a las 6 de la mañana del Viernes Santo, y seguía un orden concreto: primero iban los jóvenes, a las 7 iban los matrimonios y a las 8 el resto del pueblo, y se rezaba el Viacrucis.
Llegado el Viernes Santo, este día no se podía trabajar. Para tenerlo presente se decía el refrán: “Por trabajar en Viernes Santo, todo el vino que tengas se te va volver cantos” explican. El viacrucis y la procesión eran los dos actos litúrgicos centrales de este día.
El Sábado Santo era conocido como el día del “bautizo” del Cirio Pascual. Se recogía el agua bendita pronunciando la frase: “Agua bendita de consolación que quitas las penas de mi corazón, salga el mal y entre el bien como Jesús entró en Belén” rememoran. “También se encendía una vela en el Cirio Pascual y se llevaba a casa para encenderla cuando había nublado” indican.
Llegaba el Domingo de Resurrección y ese día bailaban dos pendones de tela detrás de la Virgen y del Santísimo. “Era tradición los días antes hacer dulces para estas fechas, y se cocían en el horno de la panadería del pueblo. Esto era conocido como hacer la ‘Mieja’, y se elaboraban pastas, bollos de manteca, o de aceite, rosquillas de baño, rosquillas de palo, magdalenas, margaritas, amarguillos…” comentan.
Finalizada la semana, el lunes de Pascua era fiesta en Tordehumos, “y los quintos iban a las casas de las novias y había que sacarles las pastas”.
Desde el CDR El Sequillo queremos mantener viva la memoria rural, a través de los recuerdos, saberes y vivencias de las personas mayores, para preservar las tradiciones que han construido las comunidades rurales a lo largo del tiempo.


